Título: Tres abuelas y un cocinero muerto (Trilogía de
Helsinki 1)
Autora: Minna Lindgren
Formato: Versión Kindle
Longitud de impresión: 309
Editor: SUMA INTERNACIONAL (14 de mayo de 2015)
Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.; ASIN: B00W1UUFGQ
Idioma: Español
SINOPSIS (extraída de Amazon)
Primera entrega de la «Trilogía de Helsinki», una divertida
mezcla entre humor y thriller escandinavo protagonizada por un grupo de
nonagenarias.
Tienen noventa años. Pero no piensan morirse hasta descubrir
al asesino.
Siiri, Irma y Anna-Liisa son tres viudas
de noventa años residentes en El Bosque del Crepúsculo, un centro privado de
apartamentos para la tercera edad de Helsinki. Más que un nidito acogedor para
las personas mayores, la residencia resulta un lugar siniestro en el que los
ancianos se ven privados de su identidad, rodeados todos los días por
enfermeros vagos e inexpertos, y obligados a hacer gimnasia, a asistir a
conferencias y a tomar un gran cantidad de medicamentos prescritos por médicos
a los que apenas han visto.
Parece que para las tres amigas los días ya solo traerán
partidas de cartas, viajes en tranvía y asistencia a funerales. Pero en la
residencia se empiezan a producir unos misteriosos asesinatos... y quizá nadie
había contado con la curiosidad y el tiempo libre de unas inocentes ancianitas.
LA CRÍTICA HA DICHO... (extraído de Amazon)
«De Finlandia llega la Agatha Christie del norte.» The
Independent
«Una historia descrita como una combinación de Miss Marple
y El abuelo que saltó por la ventana y se largó y que intentará
conquistar a los lectores españoles con cada una de sus tres entregas que se
irán publicando en castellano.» Todo literatura.es
«La inteligencia de la narración se gana al lector...
Contiene una pertinente crítica al mundo en que vivimos y a sus retorcidos
valores. Prueba que los ancianos nos son una masa uniforme sino un grupo de
individuos que portan una cantidad única de experiencias y recuerdos.» Savon Sanomat
LA AUTORA (extraído de Amazon)
Minna Lindgren es periodista y
columnista freelance, conocida en Finlandia por su personal estilo de escritura
y su irreverente enfoque de temas tan variados como la ópera o la muerte.
Además de novelas, ha escrito libros de no ficción sobre cultura y música
clásica. En 2009 recibió el Premio Bonnier de Periodismo.
MI OPINIÓN
Cuando Laky y Albanta
organizaron la lectura conjunta de la trilogía de Helsinki, me alegré
mucho y me apunté sin dudarlo para, como mínimo, leer el primero de los libros.
Hacía mucho tiempo que me llamaba la atención y pensé que éste podía ser un
buen momento. Como todas las LCs que organizan estas chicas, ha sido impecable
y me lo he pasado bomba comentando en Twitter e intercambiando opiniones con
otros lectores. Pero... (ahora viene el
pero) la obra no me ha terminado de gustar. Y os cuento el porqué. No ha
sido por la novela en sí, ni por sus personajes, que evocan una profunda
ternura en el lector, sino por lo que te venden desde un inicio y que al final
no se cumple: que estamos delante de una novela negra.
Ya en la portada del libro nos encontramos con la frase:
"Desde Finlandia llega la Agatha Christie del Norte”. Aún la busco ahora.
No sé de dónde han sacado esta comparación. Nunca hago spoilers de nada, pero
esta vez tendré que hacerlo (perdonadme). En la novela no se resuelve ningún
misterio ni ningún crimen. Y a mí precisamente lo que me había enganchado era
este punto: imaginarme cómo 3 ancianitas de más de 90 años investigan (y
resuelven) la muerte/el asesinato/el suicidio del joven cocinero de su
residencia. Pues bien, es un simple punto de partida para comenzar la
lectura... y poco más. La muerte de Tero es tan sólo un pretexto.
Realmente lo que el libro narra es el día a día de tres
mujeres que ya pasan de los 90 años y viven en una residencia como
inquilinas, no como pacientes. En esta residencia ocurren varios
acontecimientos, como son el supuesto asesinato que se nombra en el título, la
violación de uno de los ancianos en las duchas, un incendio o el exceso de
medicamentos que se les suministra, pero no se profundiza mucho en ninguno de
ellos. El lector lo vive todo desde el punto de vista de una de las
protagonistas, Siiri (mi favorita). Ya que ella, por su edad, olvida
algunas cosas o no entiende bien otras, para nosotros los hechos también son confusos.
Por ejemplo, a mí me ha faltado saber si los trabajadores de la residencia
ocultan verdaderamente algo, si hay o no corrupción, quién ha sido el asesino
del pobre cocinero y por qué lo ha hecho, quién es realmente Mika y por qué
ayuda a las ancianas, qué pasa con la cuidadora jefe (Virpi) y su marido (¿qué
pintan en toda la historia?) y otros puntos parecidos. No llegan a esclarecerse
del todo.
A pesar de la simpática portada del libro, los comentarios de
la contraportada que lo llegan a definir incluso como gracioso y de las diferentes
críticas positivas (por eso os he querido incluir algunas), para mí esta novela
contiene muy poco de divertido (exceptuando alguna anécdota entrañable) y sí
mucho de denuncia y de crítica hacia la sociedad finlandesa en concreto
y a la sociedad en general, que relega a sus ancianos a residencias geriátricas
sin importarle lo más mínimo si éstas poseen las condiciones más adecuadas o si
los residentes/pacientes reciben la atención y los cuidados que necesitan. La
obra pone de manifiesto una sociedad egoísta e individualista que carece
totalmente de la conciencia de grupo y de familia.
Me ha partido el corazón el hecho de que se les atiborre de
medicamentos cuando comienzan a ser molestos y se les diagnostique como dementes
seniles para ser encerrados en un ala del geriátrico, la “Casa Hogar”, donde no
se les hace ningún caso ni reciben apenas atención; cuando los parientes de
Irma (sus “amorcitos”) se desentienden de ella y se reparten sus posesiones
cuando aún está viva... Ha sido muy triste.
Otro de los puntos que no me ha gustado mucho es que la
autora constantemente está describiendo lugares y calles muy específicas de
Helsinki, así como algunos edificios. Durante todo el libro las ancianas viajan
mucho en tranvía (especialmente Siiri, que le encanta) y por eso hay
muchas partes dedicadas a describir las líneas de transporte, los trayectos,
etc. que para una persona que no conoce nada la ciudad (como es mi caso) se le
hace un poco pesado.
Sin embargo (ya sabéis que siempre intento sacar el lado
bueno de todos los libros que leo) no deja de tener su tierno encanto el
comportamiento de las tres abuelas protagonistas (Siiri, Irma y Anna-Liisa, que
son entrañables), sus diálogos repletos de ausencias mentales y de lagunas, a
momentos muy disparatados, que hacen difícil seguir su razonamiento, saltando
de aquí para allá, pero totalmente normal en personas de más de 90 años. Eso
precisamente es lo que hace tan creíbles a los personajes y lo que tanto
nos acerca a su punto de vista y sus pensamientos. Con ellas es como si
estuvieras manteniendo una conversación con tu propia abuela. He sentido pesadumbre
en muchos momentos porque parece que sólo les queda el “döden, döden, döden”
(expresión recurrente en toda la novela que significa “muerte”), intentar pasar
los días que les quedan como pueden y disfrutar de pequeñas cosas que les
pueden aportar un poco de felicidad. Realmente me ha hecho acercarme más a mis
abuelas y ponerme un poco en su lugar: la paulatina degeneración física, qué
sienten ante la proximidad de la muerte, qué esperan de la vida... y le doy
gracias a la autora por ello.
“¿Cómo era posible que un muchacho joven y sano falleciera,
mientras que las personas de noventa y cuatro años no se morían nunca?”
La novela también es un canto a la amistad, esa que
nace de la soledad y de la decadencia. De cómo las personas, da igual el cargo
que ocuparan en sus anteriores vidas, el nivel educativo o la responsabilidad
que hubieran podido asumir en un momento dado, llegan a un punto en que han de
luchar contra sus propias limitaciones físicas y los fallos de su memoria cada
vez más frecuentes, pero que sin embargo todavía albergan en su interior la
ilusión y las ganas de vivir, y porque no, también la búsqueda del amor.
La historia tiene final y la novela es auto conclusiva,
así que se puede leer sin necesidad de seguir con toda la trilogía.
No me gustaría acabar esta reseña sin gritar a los cuatro
vientos “¡quiquiriquí!”, que es el saludo diario que se dan Irma
y Siiri, símbolo de la esperanza de empezar un nuevo día con vida, de la
amistad, el cariño y el apoyo incondicional entre ellas.
¡Gracias por leerme y hasta pronto!


